jueves, 15 de mayo de 2008

Nostalgia

Presentación
Esta primera aproximación puede resultar inclasificable. Ante todo, bienvenidos a éste su blog, que pretende acercarnos a las letras sin restricciones. Escribir es una bella forma de ejercer la libertad, de imaginar e inventar nuevos horizontes frente a una realidad que se nos presenta tan difícil.
Lo fresco de las letras viene después de remontarme un poco a mi lugar de origen, a mi estado "Chiapas". Un poco de todo, espero les guste. Iniciaré sin más preámbulo, publicando unas palabras nostálgicas que surgen de no estar en este momento en casa, con gente con la cual he compartido la mayor parte de mi historia. No es un cuento, ni poema, pero mucho significa para mí. Un saludo para todos los de Unión Juárez, en Santo Domingo, uno de varios lugares de clima agradable que existen en el Sureste. Con gusto leeré sus opiniones.
Una tierra muy lejana

Tan lejana que supera los mil kilómetros de carretera. Es una tierra florida de paisajes vivos y armoniosos, de clima templado con ligeros aires frescos en diciembre; los colores tropicales de las plantas con sus frutos; el sonido de pájaros, del agua, que son música de tonos perfectos. Las flores en los corredores de las casas, hojas grandes que caen de los techos, arbustos escalando paredes, pastos habitando a las orillas de las calles…La mucha distancia a la que me encuentro en este instante, acarrea recuerdos y la melancolía surge primero de manera intermitente y luego ya no sé ni cómo hacer para que se vaya. En el fondo puede tener su lado positivo, talvez así pueda trasladarme en esta misma noche al pueblo donde nací: Santo Domingo.
Y logro mirar el cielo abundante de estrellas, unas caen, parpadean y otras más parece que tuvieran fija la mirada por que no tiritan; el tiempo, lleva en su transcurrir los maullidos de los perros recostados sobre las piedras de las calles, el misterio de los gatos que miran a través de las rendijas de las casas, y luego, el silencio, que provoca mirarse a uno mismo, solo, parado a mitad de un patio y con los moscos consumiéndole la sangre. El viento golpea suave sobre la piel que parece transparente; a veces se escucha la caída de un mango o el aleteo de un pájaro que se acomoda para dormir. Los grillos armonizan con las voces de las ranas un concierto nocturno, que parece ceremonia para encontrarse pronto con el sueño. La noche muere poco a poco, la oscuridad es el único escenario donde el personaje principal ha sido vencido en una hamaca sostenida por un par de cocoteros.
El gallo colorado despierta y canta para anunciar el alba. Uno despierta y a primera vista se encuentra con el gran volcán del Sur, imponente, más grande que lo que alcanza la mirada, ahí está, de frente, hasta que llega el momento en que nacen los reproches contra el destino porque no se tienen alas para volar hasta él. Después, viene el momento de preparar café y vestirse para iniciar el camino al campo, donde habrá siempre algo nuevo, una fruta que nace, otro nido de loros y tucanes, una ardilla que corre entre las ramas, un cangrejo gigante que no camina para atrás, ríos que inventan nuevos brazos, una tortuga perdida en la vereda, los primeros cafetos pintados de rojo, los árboles moviéndose al son de la marimba, los ojos que miran todo por primera vez, la vida misma que recobra su sentido.
La tarde es el momento en que el sol se esparce en líneas rojizas y va cediendo el espacio celestial a las estrellas y la luna. Y uno vuelve a deleitarse con otra taza de café para esperar la noche, y retrocede un poco de su historia para compartirla con otro. Y otra vez, viene el tiempo de sentir los aires de la noche a mitad del patio, ahí donde espera una hamaca movida ligeramente por los aires tropicales y después viajar a la otra vida de sueño y reencontrar a la mañana siguiente, la frescura de la vida.
Y yo sigo aquí, en mi cuarto, encerrado, tratando de alejar los recuerdos que se convierten lentamente en lágrimas de aire, en palabras como hormigas que caminan dentro de mí. Las ganas de estar en ningún lado me han orillado a mirar detenidamente la luna para que refleje en una de sus tantas caras a mi pueblo y acabe con esos más de mil kilómetros de carretera.

1 comentario:

gabriela dijo...

hola melqui, que lindas palabras, que nacen desde dentro, desde ese ser que vive, que rie, que llora, que siente, que ama.
y efectivamente, ese es Santo Domingo, el lugar fresco que te brinda tranquilidad, armoniay te aleja del ruido, del smog y del estrés.
además de ser muy lindo el pueblo. tiene gente muy linda y sabes...tu eres una de ellas. Que Dios te bendiga Melqui.